Un caso especial

Un caso especial

       Una hora después de partir desde Retiro, la azafata del tren solicita un médico pues en otro coche hay una adolescente con convulsiones.  
     Me dirijo hacia aquel lugar y comento a la solicitante mi condición de Farmacéutico, mientras me informan que una  ambulancia esperará a la pasajera en Mercedes, próxima estación de la línea.
       Estoy por regresar a mi coche cuando una mujer rubia cruza mi camino y se da a conocer como médica. La azafata la conduce hacia el lugar donde está la paciente. 
      Regreso a mi asiento y un instante después el tren para en esa estación donde aguardaba una ambulancia.
       Una doctora, la pasajera que ocupara el asiento posterior al mío y que dormitaba en el instante que la azafata solicitaba médico, era quien asistió a la joven. 
     Al regresar, la doctora comentó que la joven convulsionaba debido a su epilepsia, tomaba su medicación habitual y venía acompañada por su madre.           
    Descendieron ambas mujeres del tren y el personal de la ambulancia atendió a la joven para luego derivarla al hospital municipal. Madre e hija quedaron en esa ciudad.

     Luego de estar detenido unos cinco o diez minutos, el tren se puso en marcha y continuó su marcha inexorablemente hacia el oeste.  

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