Qué suave es tu piel

 ¡Qué suave es tu piel! 

 
 

¡Qué suave esa piel 

que mi mano pudo 

sentir de revés! 

Y ese mismo instante 

rompióse en el suelo 

el reloj del tiempo 

derramando saharas 

de arena a tus pies. 

 

Se hicieron presentes 

las horas vividas 

en aquellos tiempos 

diez lustros después 

y la suave seda 

de la piel tan fresca 

puso en mi cabeza 

el verso que ves. 

 
 

Y el ahora sigue 

presentando lunas 

y el sol otra vez 

pero los recuerdos 

que aún perduran 

me siguen y aplacan 

de mi amor la sed. 

 

 

Una tarde soleada 

 

             

            Una tarde soleada, 

un invierno severo 

y un andar por las calles 

(caminos inciertos  

que tiene el destino), 

desando recuerdos, 

remiro el pasado  

y pienso que encuentro  

tu clara mirada, 

tus ojos sombreados, 

tus labios rosados 

y tus suaves manos. 

 

Me he visto en tus ojos 

en años lejanos, 

he visto esa mancha, 

oscura, pequeña,  

en tu iris claro.  

 

 

He acariciado  

tus manos delgadas 

y una sonrisa  

fluyó entusiasta 

de tu boca rosa. 

 

Lo mismo que sueño 

en las noches quietas, 

esperando el beso 

que pronto se acerca 

a mi alma necia 

que, herida, entonces, 

mi cuerpo despierta.  

 

Soñando y despierto 

continúo el día  

de trabajos arduos,  

de encuentros y llantos, 

y en la mesa oscura 

de un café cercano 

escribo un poema 

que sirve de alivio 

a mi alma que, triste, 

a tu corazón llama.  

 

 

                         

 

De otro tiempo 

 

Pequeña sombra en la arena; 

un mar inmenso y sereno; 

las suaves playas de enero, 

y un recuerdo a mi manera. 

 

El fresco viento llegaba 

hasta soplar en mi cara 

y empuja sin alharaca 

las nubes de forma vaga. 

 

Siento que en ese momento 

tu recuerdo se agiganta, 

ya no luces esa tanga 

y por loco no me tomen: 

que las estrellas se asomen 

e iluminen a mi amanta. 

 

Pienso en ti y esta mañana 

el sol ya borró tus huellas 

en la playa, pero aquellas 

que en mi alma quedaran 

por tu mirada labradas, 

han de vivir cual estrellas. 

 

(Especial de rimas raras) 

Vista de una playa

El contenido generado por IA puede ser incorrecto. 

 

El Otoño 

 

Ya llega el otoño 

alfombrando calles, 

también las veredas 

(con hojas que fueron 

verdes primaveras), 

con ocres colores, 

tan quietas, tan muertas. 

 

Quizás una flor, o una mirada, 

quizás ese cielo 

más alto que el árbol 

comparta el recuerdo 

que llevo muy dentro 

de aquella que quise 

y que fuera mi amada. 

 

El paisaje entonces 

devuelve recuerdos 

de aquellos momentos 

que juntos pasamos. 

 

Primavera en tu alma, 

mi otoño interior, 

y acaricia suave 

tu mano a mi mano. 

 

Y solo tu tierna 

y dulce mirada 

acaricia mi alma 

de aquella mañana, 

que el recuerdo trae 

y el paisaje muestra: 

encarnadas flores 

presas en la reja 

saludan mi paso 

y a mi corazón desangran. 

 

 

No me pude enamorar más 

 

 

 

No me pude enamorar más 

y busqué esa luz brillante 

dando un paso adelante 

hacia el oscuro cielo. 

 

 

 

Y en ese viaje lejano 

brillaron otras estrellas: 

ninguna fue como aquella 

que a mis ojos deslumbraron. 

 

 

 

En el camino de horas, 

días, meses, años, sueños, 

me quedé con tu recuerdo, 

el mismo que tengo ahora. 

 

 

 

¡No me pude enamorar más! 

Te juré un amor eterno, 

hoy me queda tu recuerdo: 

¡No me puedo enamorar menos! 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

I 

Y  ahora es la luna 

Que sube y se trepa  

sobre los tejados,  

nubes y azoteas. 

 

 

II 

E invade su luz 

La tierra caliente 

Que el sol ha dejado 

Por el poniente. 

 

 

III 

Y la pálida plata  

De esa luz serena 

Abriga mi noche, 

Ilumina mi alma. 

 

 

IV 

Y en tu lejana casa 

La luz de la luna 

Que también te llega 

Brilla en tus ojos: 

Tu mirada alegra. 

 

V 

Y piensa conmigo 

Que la noche manda 

Hacer del recuerdo 

Un plano distinto. 

 

 

VI 

Y sueña el momento 

Que la vida cierta 

Te lleve al camino 

Que al andar despierta. 

 

 

VII 

Por ello te ruego  

Asómate a ella 

Deja que la luna 

Reciba tu luz 

 

 

VIII 

Y en ese reflejo 

De plata y de cielo 

Mi amor sincero 

Será como siempre 

Distante y eterno. 

 

Reflejos de amor y plata 

 

 

 

 

 

[Salto de ajuste de texto] 

                                                        CABA 23/02/2016    01:22            

Un juego lejano 

      

            Este juego tan lejano 

      del aire como sonrisa, 

      mi rostro siente una brisa 

      y es palabra en mi mano, 

      es un amor muy cercano 

      que escribe mi alma poetisa. 

    

       Mi corazón que atiza 

       con firmeza y con pericia 

       las horas y las noticias 

       y aquellas viejas cenizas, 

       hace una imagen precisa 

       del recuerdo de Alicia. 

 

            En otro tiempo y lugar 

       me acostumbro al aire nuevo 

       y a veces me conmuevo 

       de haber cruzado la mar 

       y llegar a la sin par 

       Roma donde me muevo. 

 

        Ya llegarán otros tiempos 

        que me hagan recordar 

        lo vivido y sin pensar 

        que fue así como lo siento: 

        con un grande sentimiento 

         y la ilusión de amar. 

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