Una tarde soleada

 Una tarde soleada 

 

             

            Una tarde soleada, 

un invierno severo 

y un andar por las calles 

(caminos inciertos  

que tiene el destino), 

desando recuerdos, 

remiro el pasado  

y pienso que encuentro  

tu clara mirada, 

tus ojos sombreados, 

tus labios rosados 

y tus suaves manos. 

 

Me he visto en tus ojos 

en años lejanos, 

he visto esa mancha, 

oscura, pequeña,  

en tu iris claro.  

 

 

He acariciado  

tus manos delgadas 

y una sonrisa  

fluyó entusiasta 

de tu boca rosa. 

 

Lo mismo que sueño 

en las noches quietas, 

esperando el beso 

que pronto se acerca 

a mi alma necia 

que, herida, entonces, 

mi cuerpo despierta.  

 

Soñando y despierto 

continúo el día  

de trabajos arduos,  

de encuentros y llantos, 

y en la mesa oscura 

de un café cercano 

escribo un poema 

que sirve de alivio 

a mi alma que, triste, 

a tu corazón llama.  

 

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