Una tarde soleada
Una tarde soleada
Una tarde soleada, un invierno severo y un andar por las calles (caminos inciertos que tiene el destino), desando recuerdos, remiro el pasado y pienso que encuentro tu clara mirada, tus ojos sombreados, tus labios rosados y tus suaves manos.
Me he visto en tus ojos en años lejanos, y he visto esa mancha, oscura, pequeña, en tu iris claro.
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He acariciado tus manos delgadas y una sonrisa fluyó entusiasta de tu boca rosa.
Lo mismo que sueño en las noches quietas, esperando el beso que pronto se acerca a mi alma necia que, herida, entonces, mi cuerpo despierta.
Soñando y despierto continúo el día de trabajos arduos, de encuentros y llantos, y en la mesa oscura de un café cercano escribo un poema que sirve de alivio a mi alma que, triste, a tu corazón llama.
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